Versiones


¿Cuántas versiones pueden existir de una misma persona? Me lo he preguntado muchas veces. Tal vez porque quiero saber cuántas versiones existirán de mí y, de existir varias, ¿cuál es mi yo real?

Un hombre de cuarenta años podría tener varias caras —quede reflejado que sólo es un ejemplo y da igual si es hombre o mujer—. Una de ellas podría ser la que se ve obligado a poner en el trabajo. Tal vez tiene algunas personas a cargo y debe organizarlas intentando que su humanidad no se interponga. O puede que trabaje cara el público y no deba permitir que la forma en la que se dirigen a él desconocidos le amarguen la existencia. Pero ahora ese hombre llega a casa. ¿Vive con alguien? Si es así, su humanidad es relevante porque esa persona es valiosa y le importan sus sentimientos. ¿Vive solo? Me pregunto si se pondrá música para cocinar con una sonrisa, o si comprará algo precocinado. De ser así, ¿las personas a su cargo imaginarían que acaba así el día? O tal vez salga a tomar algo con unos amigos y sea la persona más divertida de su grupo mientras en el trabajo debe mantener las formas y prefiere crear algo de distancia.

Sé que divago. Lo hago muchísimo en los confines remotos de mi mente. Es una de esas versiones de mí. Pero a donde quiero llegar es que existen tantas caras de una misma persona que nos resulta imposible conocerlas todas.

Si le preguntas a algunas personas que no me conocen bien (o creen que sí pero no), seguramente dirían que soy una persona amable, con una sonrisa perpetua tallada en la cara. Dirían que soy extrovertida y que soy muy paciente. No me dotarían de especial inteligencia y seguramente considerarían que siempre estoy demasiado ocupada.

Esa es la primera versión, la que considero más falsa y distante de mi persona.

La segunda es cuando directamente no me conoces. Me considero una persona tímida e introvertida, por lo que tiendo a mantener en un principio cierta distancia y serenidad que no es propia de mí. Así que, si me acabas de conocer, puede que me considere callada, rígida. Incluso pienses que soy extremadamente serena e, incluso, aburrida.

Esa primera impresión no suele durar. Es igual a ir a un restaurante gourmet, que te pongan enfrente una esponja de lavar los platos con espuma, dar un bocado y ¡bum! Descubrir que en realidad es un postre.

Después existe otra versión, esa que sólo conoce la persona más cercana a mí. Para él posiblemente sea alocada, independiente y cariñosa. Seguro considera que hablo mucho, de muchísimas cosas diferentes a la vez en una misma conversación, y eso lo lleve a sentirse algo abrumado y confundido. Me verá cómo alguien sensible y despistada (esto último lo principal). Que tengo muchos planes, que me cuesta llevarlos a cabo. Y sabrá que soy curiosa, que me atraen todo tipo de temas pero a la vez no soy capaz de sentarme a ver un documental.

Esta versión es la que considero que más se acerca a la realidad.

Pero aún hay una más.

Es esa parte de mí que se deja llevar mientras escribe esto, sin pensar, sólo dejando que los dedos pasen por las teclas con la suavidad de los dedos de un pianista (aunque te aseguro que me equivoco mucho más que él). Aquí no hay filtros, sólo estoy yo con mis pensamientos, buscando un orden y una razón en ellos. Soy imaginativa, expresiva y me siento en paz. De alguna manera, todas esas palabras e idea que se traban en mi lengua, encuentran una salida fácil dentro de mi mente, dónde los pensamientos fluyen a una velocidad imposible de seguir. Pero esa versión nunca la conocerá nadie, porque sólo existe dentro de mí.

Si has llegado hasta aquí es posible que te hayas dado cuenta de varias cosas: 

1.       Tengo un problema con la comunicación.

2.       Me siento invisible.

3.       Tengo una pésima memoria en todo.

4.       Me cuesta dejarme conocer.

Quien sabe, puede que ahora esté naciendo una nueva versión de mí desde el anonimato. La tuya. La que imaginas mientras me lees. ¿Cómo crees que voy vestida mientras escribo? ¿Un vestido otoñal? Espero que no imagines otra cosa… ¿Me imaginas escribiendo en un cuaderno antiguo con una pluma?

Esa versión es…

Mentira. Posiblemente cualquier cosa que hayas imaginado sea sólo una fantasía.

Voy en bata, una de hombre, porque me da igual como sea mientras sea calentita y porque me da demasiada pereza buscar otra. Estoy escribiendo esto en el ordenador, mientras me obligo a mecanografiar para mejorar (aunque me equivoque a cada letra). La estancia es desordenada, con pintura, papeles, pinceles por doquier. No soy una señorita, no pretendo

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